Con la muerte de Fidel Castro, el fenómeno de la polarización ocupa los espacios de los principales medos de comunicación mundiales. Cubanos residentes en México le lloran al considerarle un hombre intachable que le devolvió la dignidad a su país, mientras que un puñado de cubanos exiliados en Miami festejan la noticia en las calles; al ritmo de tambores mueven con entusiasmo sus cuerpos y levantan las manos; en las cartulinas que portan se lee: “El Che, Fidel, Raúl… nos falta usted.”
¿Quién tiene razón? ¿Cuál es el legado que Castro deja al mundo? Sin duda, los ideales de libertad inspiraron inicialmente la lucha del guerrillero para lograr la libertad de su pueblo, oprimido por la dictadura del golpista Fulgencio Batista. Estalló la Revolución Cubana impulsada por Ernesto Che Guevara, Juan Almeida Bosque, Camilo Cienfuegos, Huber Matos, Fidel y Raúl Castro, entre los principales, quienes llegaron a la isla acompañados de 82 guerrilleros el 2 de diciembre de 1956, procedentes de México. Lograron derrocar al régimen para instaurar su sueño de cambio y libertad, luego de los denominados Juicios Guerrilleros celebrados en contra de las personas cercanas y simpatizantes de la desintegrada dictadura.
Se dio inicio a una serie de expropiaciones y confiscaciones de bienes extranjeros con el respectivo pago de indemnizaciones. Con la firma del Manifiesto de la Sierra Maestra, Castro se comprometió a encabezar un gobierno de transición mientras se convocara a elecciones para elegir presidente. Sin embargo, el acuerdo no se cumpliría al considerar que la celebración de comicios entorpecería el camino hacia el cambio revolucionario, pues Estados Unidos podría inmiscuirse en el proceso para darle un giro de ventaja a sus intereses.
No sería sino hasta el 30 de junio de 1974 que se celebrarían las elecciones que legitimaron a la Revolución Cubana. Muchos intelectuales brindaron su apoyo a este movimiento de izquierda, al justificarse como un motor de cambio en el resto del continente americano. El escritor mexicano Carlos Fuentes se mantuvo en un inicio entusiasta del movimiento. Dicha simpatía le valdría una serie de problemas con el gobierno de Estados Unidos. Una anécdota ilustra mejor aquel tiempo. El autor de Los Días Enmascarados fue invitado por el propio presidente Kennedy a una reunión literaria. Sin embargo, en la aduana fue detenido por considerarle comunista y fue deportado a nuestro país. Más tarde, en forma jocosa, se atrevió a declarar a los periodistas que en el vecino país del norte no mandaba el presidente sino la CIA. Años más tarde, Fuentes se decepcionó de la Revolución Cubana al constatar que había degenerado en lo que tanto combatió: una estructura de represión y violación de derechos humanos.
Hace unas horas, el escritor Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura 2010, declaró que a Fidel Castro no lo absolverá la historia; aunque espera que con su muerte la isla se abra a un proceso democrático y de tolerancia; no dudó en considerarlo un dictador que desató una persecución no sólo en contra de opositores políticos a su régimen, sino también hacia los homosexuales: “Castro los llamaba enfermitos.”
El también escritor, politólogo e historiador Enrique Karuze ha sido duro al referirse a la imagen del comandante: “Ahora el mundo será menos malo. Fue el dictador más longevo de la historia latinoamericana y nunca tuve sentimientos hacia él.”
El periodista Jorge Ramos no duda en compartir su punto de vista sobre la partida del militar: “Fidel era un brutal dictador. Ordenó ejecuciones de opositores, mantuvo prisioneros políticos, violó sistemáticamente los derechos humanos, evitó siempre elecciones multipartidistas, censuró brutalmente a la prensa y tuvo un control absoluto de todos los rincones de la isla. Fidel fue un perverso en la aplicación de la violencia. Por eso hoy no podemos presentarlo como un héroe. No lo fue.”
Los principales líderes comunistas o socialistas del mundo, entre quienes destaca Nicolás Maduro, han elogiado su legado emancipador del poder. Algunos más le lloran y no ocultan su pesar al considerarlo un icono de la historia que jamás será olvidado. Mientras, en la estación radiofónica Mambi de Miami, Florida, han dedicado programas especiales para hablar no de Fidel, sino de las víctimas de la dictadura cubana.
En su visita pastoral a Cuba, realizada el 21 de enero de 1998, el Papa Juan Pablo II pidió a Castro la liberación de algunos presos políticos como gesto de buena voluntad; intercedió por ellos y por la libertad de culto suprimida tras la persecución religiosa iniciada con su arribo al poder y que desembocó en la expulsión de órdenes monásticas. El Papa Benedicto XVI también tocó el tema de los perseguidos y reos políticos del régimen con Raúl Castro, en su visita de marzo de 2012, aunque sin lograr ninguna respuesta.
Ciertamente, bajo la gestión de Raúl Castro se han notado cambios que hablan de un entorno más justo para Cuba. Aunque Estados Unidos aún mantiene un cerco comercial en contra de la isla, en la nueva administración se han reanudado pláticas y encuentros para lograr una mejor relación hacia una paz sólida. A partir del 2013 hubo modificaciones en los procesos migratorios que permiten a los ciudadanos cubanos salir de viaje sin perder sus bienes o residencia hasta por un período de dos años. A la par, Raúl Castro ha logrado atraer inversión extranjera y renegociar la deuda externa. También, por primera vez en casi 58 años, los habitantes de la isla ya tienen libertad para comprar y vender libremente sus casas, terrenos y automóviles.
«A los pueblos muchas veces les hablan de democracia los mismos que la están negando en su propio suelo; a los pueblos les hablan de democracia los mismos que la escarnecen, los mismos que se la niegan y los pueblos no ven más que contradicciones por todas partes. Y por eso nuestros pueblos han perdido, desgraciadamente, la fe.» Las palabras de Fidel Castro hoy bien pueden ser su legado o su juicio en estos momentos en que su partida desata acalorados debates en todas partes. ¿Qué nos hereda con su muerte? Que la historia lo diga…